De giros y nanos, el arte de dirigir partículas minúsculas

¡Epa, aventureros científicos! ¡Están a punto de sumergirse en un mundo donde las nanopartículas se vuelven tan locas como tus mascotas cuando intentas darles un baño! Pero no te preocupes, porque este equipo internacional de investigadores, liderado por el magnífico Igor Aronson, está aquí para poner orden en el caos nano. Imaginen esto: las nanopartículas, esas pequeñas bellezas que podrían revolucionar la administración de medicamentos y los sistemas de laboratorio en un chip. Pero hay un problema, ¡se están volviendo rebeldes! Se están moviendo de manera aleatoria y sin dirección, como un GPS que te lleva a la heladería en lugar del gimnasio.

Entonces, el astuto profesor Igor Aronson y su equipo de cerebros científicos decidieron poner manos a la obra y darle un giro inesperado a las nanopartículas. ¿Cómo? ¡Transformándolas en hélices! Sí, como si fueran pequeños ingenieros trabajando en el mundo nano. Ashlee McGovern, la estudiante de doctorado en química, nos cuenta que antes estas partículas eran tan aburridas, en forma de varillas y rosquillas. Pero con una máquina de nanograbación (¡sí, eso existe!) que imprime en 3D a nanoescala, lograron convertirlas en hélices. ¿Por qué hélices? Porque resulta que la quiralidad, algo así como la mano derecha y la izquierda, puede hacer que estas partículas se comporten como bailarinas siguiendo una coreografía. “La forma predetermina cómo se moverá una partícula”, nos dice Ashlee. ¡Así que con estas hélices, las partículas bailan al ritmo que queremos!

Pero, ¿cómo controlamos a estas bailarinas nano? ¡Con química y campos magnéticos, por supuesto! Imagínense que tienen un control remoto para dirigir las nanopartículas a donde quieran, Ashlee y el equipo descubrieron que con cuatro o más aletas, una inclinación específica y un grosor adecuado, las hélices son imparables, menos de tres aletas, y empiezan a girar como locas en la pista de baile. Lo más emocionante es que ahora pueden usar un campo magnético para cazar y recolectar partículas de carga. ¡Es como si estas hélices fueran cazadoras de tesoros en el mundo nano! Pero ahí no termina la fiesta científica, cambiando la dirección de rotación de las hélices, pueden hacer que se atraigan o se repelan entre sí. ¡Es como el drama de las relaciones en el mundo nano! “¿Hacia dónde va esta relación? ¿Atracción o repulsión?”

Igor Aronson, el maestro de ceremonias de este espectáculo científico, nos dice que esto es solo el comienzo. Con este increíble control, podrían aplicar esta tecnología a dispositivos microscópicos y microrobótica en el futuro. ¡Imagínense, microrobots bailando al son de la ciencia! Así que, en resumen, mis intrépidos lectores, las nanopartículas están de fiesta, bailando al ritmo de la química y los campos magnéticos gracias a estas hélices científicas. ¡Y quién sabe qué sorpresas nos depara el futuro nano! ¡Sigamos explorando el mundo diminuto de la ciencia!

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